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Segunda parte del libro de Belogodorov.

 

En este caso se centra en el contraataque posterior a la defensa de Moscú. Como siempre, el relato está centrado en la 9ª División de Infantería de la Guardia, del 16º Ejército del Frente Occidental.

 

PASAMOS A LA OFENSIVA

 

 

 

 




LOS PREPARATIVOS FINALES

En el CG trabajaban a pleno rendimiento. Sus miembros trabajaban día y noche – de noche a la luz de primitivas lámparas construidas a partir de cajas de cartuchos – concretando detalles, comprobando y volviendo a comprobar las operaciones planeadas.

El plan del Mando Soviético para una contraofensiva cerca de Moscú propuso derrotar a los grupos enemigo al norte y al sur mediante poderosos ataques simultáneos de las tropas del Frente Occidental, el flanco derecho del Frente de Kalinin y el flanco derecho del Frente Suroeste y golpear al grueso del Grupo de Ejércitos Centro en un rápido avance hacia el Oeste.

Los preparativos para un ataque decisivo a gran escala incluían ataques de las tropas locales a lo largo del frente, que tomarían mejores posiciones y empujaría al enemigo hacia atrás. Lo prisioneros nos ayudaron a concretar la composición, número y organización de las tropas enemigas, así con el tipo y estado de sus defensas.

El enemigo aún era fuerte, pero toda la situación del frente era cada vez más y más desfavorable a la Alemania nazi, aunque en la dirección oeste el enemigo aún poseía ciertas ventajas. La derrota del ataque enemigo en las áreas de Rostov-on-Don y Tikhvin inmovilizó sus reservas y le impidió enviarlas a los alrededores de Moscú.

A pesar de las grandes dificultades, el GCG concentró grandes reservas en el área de Moscú durante las operaciones defensivas. El 20º y 1º Ejércitos de Choque fueron añadidos al Frente Occidental el 1 de Diciembre y el 10º Ejército el 6 de diciembre. Las tropas de la Zona Defensiva de Moscú comprendían el 24º y 60º Ejércitos desplegados tras las tropas del Frente Occidental. Aparte de su misión defensiva estas tropas formaban la reserva del GCG. Para golpear al enemigo en el cielo el mando contaba con los aparatos de la Defensa Aérea de Moscú (PVO) y aviones de largo alcance junto con el Ejército Aéreo del Frente. Un total de 1.200 aparatos se concentró en el área de Moscú. El resto del equipamiento se incrementó considerablemente.

Las siguientes tropas se concentraron en los alrededores del Moscú el 5 de diciembre:

Grupo de Asalto Norte: comprendía al 30º, 1º de Choque, 20º y 16º Ejércitos y las divisiones del flanco izquierdo del 5º Ejército. Se desplegó en un frente de 170 km desde Sverdlov a Kubinka. Este grupo debía atacar en la dirección de Klin y Solnechnogorsk, derrotar a las fuerzas del 3º y 4º Grupos Panzer y explotar los beneficios del ataque al oeste y suroeste.

El Grupo de Asalto Sur: comprendía al 50º y 10º Ejércitos, las tropas del flanco izquierdo del 49º Ejército y el 1º Cuerpo de Caballería de la Guardia. Se desplegó en un frente de 310 km desde Serpukhov a Chernov. Este grupo debía derrotar al 2º Ejército Panzer en el área al este de Tula y Stalinogorsk y explotar los éxitos del ataque en dirección a Kaluga y Sukhinichi.

En el centro del Frente Occidental, en un sector de 90 km de largo, desde Kubinka a Serpukhov estaban las tropas del flanco izquierdo del 5º Ejército, el 33º y 43º Ejércitos y el flanco derecho del 49º Ejército. Estas tropas debían mantener las defensas hasta que las fuerzas enemigas fuera derrotadas y entonces, aprovechando el éxito de los asaltos envolventes pasar a la ofensiva en dirección a Borovisk y Maloyaroslavets con el objetivo de derrotar al 4º Ejército Alemán.

Se estaban concretando los últimos preparativos pero el alcance y la misión de nuestros vecinos no estaba decidida al comienzo de la ofensiva.

En la noche del 5 de diciembre cuando todos habían comprobado los preparativos de la ofensiva en los regimientos y batallones, montamos el CG y el departamento político de la división sonó el teléfono y fuimos invitados al CG del Ejército ¡Por fin! Esperábamos con impaciencia esa llamada.

Apenas nos alejamos de la línea del frente cuando notamos que todo estaba listo para el ataque. Masas de infantería y artillería se concentraban en bosques y pueblos deshabitados, en uno nos alegramos especialmente al ver los nuevos tanques. M.V. Bronnikov, el Comisario de la División e I.F. Maloyaroslavets el jefe del EM empezaron a discutir sobre ello. Pintados de blanco con puntos grises y cubiertos por redes de camuflaje los tanques y cañones se confundían con el terreno.

Pero lo ojos experimentados de un soldado rápidamente notaban que todo era nuevo, desde los tanques a los uniformes de los soldados o sus caras que no se habían enfrentado a los elementos. Todo indicaba que nuevas reservas habían llegado.

La reunión en el CG fue corta.

No tenemos tiempo de hablar, dijo M.D. Malinin, jefe del EM del Ejército “Entérense ustedes mismos de la situación y el plan de las próximas operaciones. Está todo en sus mapas”

En el CG del 16º Ejército todos estaban ocupados recibiendo nuevas unidades, distribuyendo la artillería que acababa de llegar entre las divisiones, haciendo planes de cooperación y especificando misiones aéreas.

Malinin nos preguntó:

“¿Puede su división y las dos brigadas de infantería asignadas pasar a la ofensiva en el plazo de dos días?”

Le contesté que la división y sus unidades asignadas estaban listas para la ofensiva y le pedí que acelerara el envío de proyectiles para los howitzers de 122 y 152 mm a sus emplazamientos.

Malinin dijo que una nueva remesa de munición sería enviada por la noche y nos pidió que le siguiéramos a ver al comandante

Rokossovsky fue, como siempre, extremadamente breve. Nos dijo que el grueso de las fuerzas de los Frente de Kalinin, Occidental y Suroeste pasaría al ataque el 6 diciembre. Su misión era derrotar a las fuerzas de flanqueo del Grupo de Ejércitos Centro. El 16º Ejército tenía que lanzar un ataque en dirección a Istra el 7 de diciembre. Nos recordó una vez más que era preciso comprobar el estado de las tropas, mantener un completo orden en las unidades y mantener el secreto hasta el comienzo de la ofensiva. En resumen, nos dijo que diéramos a los hombres una oportunidad de descansar antes del combate.

Al volver lo hicimos en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Una vez más intentamos recordar si habíamos hecho todo lo que nos habían ordenado. Había un pensamiento común: reducir las bajas al mínimo. Recordamos el entrenamiento y la despedida. Veíamos las caras y los ojos de aquellos que habíamos dejado. Durante mucho tiempo, meses o quizás años tendrían que sufrir la separación de sus hijos, esposas, maridos, hermanos y hermanas que tuvieron que ir a la guerra, las punzadas de la separación y quizás la pena de la pérdida ¿quien sabe para cuantos aquella fue la última despedida?

Pasamos Pavlovskaya Sloboda. La ventisca había remitido. La helada caía con fuerza. La luna brillaba sobre los bosques y campos nevados y sobre los agujeros de los proyectiles. El CG de la división estaba en Zhelyabin. Decidimos caminar el resto del camino. Parecía que no había nada más que el frío. Solo los centinelas con sus armas lista estaban en sus puestos, en avanzadas y emboscadas y en voz baja pedían la contraseña. Solo fijándose con cuidado se podía apreciar que había vida en la aldea. Cansados, caras agotadas aparecieron por un momento en las casas, refugios y trincheras. El comandante tenía razón. Los hombres necesitaban descanso.

Cuando nos acercábamos al CG oímos a las bombarderos alemanes camino de Moscú. Reflectores antiaéreos lucían sobre la capital. Mi corazón se encogió más destrucción sin sentido y muerte. No habíamos detenido al enemigo, que sentía que el luche entraba en una fase decisiva.

Pasamos el resto de la noche y todo el día siguiente (6 diciembre) trabajando duro. En la madrigada, tras dos horas de descanso, fui a una reunión con los comisarios, secretarios del Partido y miembros del Komsomol, conducida por Bronuikov. Muchos soldados se unieron en el refugio del departamento político, y era a ellos, los futuros héroes, a quienes iban dirigidas la arenga, era su vida. Sus ejemplos inspiraban el coraje y bravura a los hombres en el nombre de la patria. Ante mi estaba el Sargento Kazakov, el Sargento Primero D. S. Kondratenko, sargento Fomin, soldado Predein,.... ¡Cuantas veces se habían visto con la muerte cara a cara! Mañana tampoco vacilarían.

En el estrado vi a D. S. Kondratenko, Comisario del 258º Regimiento de Infantería. Donde fuera que le mandara el mando, siempre se le podía encontrar en el punto álgido de la batalla. A él le gustaba estar con la gente. Su discurso era diferente y los hombres le escuchaban con respeto. Sabían que le habían concedido la Orden de Lenin por algo.

Hacía calor en el refugio. Había mucho humo.

“Les felicito camaradas” dijo Bronnilov. “La hora esperada ha llegado. Ahora tenemos la oportunidad de demostrar una vez más nuestra devoción por el Partido y nuestra Patria Socialista. Haremos algunas reuniones cortas en los segundos escalones de los regimientos y batallones, el resto es para ustedes. Deben hablar con cada hombre, incluyendo a las unidades de seguridad, encontrar que hay en la mente de cada hombre y lo que necesita. Recuerden que el enemigo es fuerte, resistirá con fiereza y resistirá en cada línea, ciudad, bosque, montaña y cruce”

La conversación estaba a punto de concluir. Deseé a los camaradas éxito en la futura ofensiva. La reunión finalizó y cada uno volvió a su unidad. En la madrugada el CG del Ejército volvió a llamar. Malinin se estaba asegurando de que estábamos listos.


 

QUINCE DIAS INOLVIDABLES

Antes del amanecer del 7 de diciembre, I.F. Fedyunkin y yo fuimos a las posiciones del 258º Regimiento de Infantería. El CG estaba atestado y todo el mundo escuchaba los informes de la exitosa ofensiva de nuestras tropas al norte y al sur de Moscú y la liberación de más y más localidades.

La gente del CG tenía alta la moral. Fedyunkin se quedó en el CG mientras el jefe del regimiento y yo fuimos a visitar a las unidades. Tras un buen desayuno caliente los hombres en las trincheras y refugios hablaban y fumaban, protegiendo los cigarrillos en las mangas, algunos escribían cartas, la mayor parte, sin embargo, comprobaba sus armas. Los hombres estaban cálidamente vestidos con abrigos de piel de cordero, los exploradores estaban mas a gusto con chaquetas acolchadas y camuflajes blancos.

El equipo médico, al mando de M.M. Boiko, médico de 2ª clase tenia sus propias preocupaciones. Recordaban a los hombres como protegerse a sí mismos y a sus camaradas heridos contra la helada y como administrar primeros auxilios (anticipadamente he de decir que estos consejos no cayeron en saco roto. No tuvimos ningún caso de congelación entre los heridos)

No solo las tropas, casi todo los artilleros estaban en sus posiciones de fuego. No tenían un momento de respiro. Los proyectiles con su capa de grasa protectora se limpiaban de agujas de abeto y nieve cerca de los cañones. La nieve bajo los cañones se cubría de arena para evitar resbalones.

Empezó a amanecer. Se aproximaba la Hora Zero. Los artilleros ocuparon sus posiciones, la infantería se concentraba en las trincheras del frente, lista para atacar. Nuestro puesto de observación se había preparado en el 131º Regimiento de Infantería en una factoría en Dedovsk. Allí, en un pequeño refugio, estaban los encargados de dirigir el fuego, el teniente coronel A.I.Vitevsky, jefe de operaciones de la División, el Mayor A.A. Thchinin, jefe de reconocimiento, el teniente coronel N.D. Pogorelov, jefe de la artillería, el Mayor Gerasimov, jefe de comunicaciones y el señalero.

En la esquina mi ayudante P.I.Vlasov estaba leyendo algo a la luz de una lámpara construida a partir de la vaina de un proyectil de 45 mm. Yo no podía recordar haberlo visto nunca sin un libro. Tenía la extraña capacidad de leer siempre que podía. Al mismo tiempo veía y oía todo e inmediatamente respondía a las llamadas, siempre dispuesto a satisfacer cualquier petición. Había llevado a cabo bastantes misiones difíciles y peligrosas y siempre estaba dispuesto a ellas (en 1942 le tuve que conceder el mando de una compañía en vista de sus repetidas peticiones)

Quedaban dos minutos. Cogí el teléfono y llamé a las posiciones de artillería. Justo a tiempo. Tras una breve conversación oí:

“Artillería, abran fuego”

Nuestra ofensiva en la línea Nefedyevo-Lenino-Rozhdestveno comenzó. Los combates se prolongaron durante 15 días.

Nuestras unidades atacaron con entusiasmo. Les vi atacar no como si llevaran meses de duros combates defensivos con fuerzas superiores. Parecían que venían de un largo descanso. Los hombres avanzaban a pesar de los obstáculos contra carros y contra personal, campos de minas, alambre de espinos y las fortificaciones enemigas.

En la zona de la 9ª División de la Guardia el cetro de la lucha se desplazó al principio al área de Rozhdestveno. Los alemanes habían transformado esta área en su principal centro de resistencia. Usándolo como base pretendían capturar Dedovsk, alcanzar la carretera de Volokolamsk, cortar nuestras comunicaciones con Moscú y cercar nuestras unidades que operaban al este de Istra.

El enemigo saturó las afueras de Rozhdestveno con el fuego de sus armas. Estaban defendidas con tanques enterrados en el suelo, cañones y morteros. Los nazis construyeron búnkeres en las casas, repartiendo su artillería, morteros, infantería y ametralladoras en las colinas, linderos de los bosques y en los senderos que iban a Rozhdestveno. La Cota 208.2 desde donde dominaban las aproximaciones a Rozhdestveno recibía un castigo muy fuerte. Sabíamos que en la víspera habían se reforzado con unidades de la 10ª División Panzer. Esto hacia las cosas más complicadas.

Nuestro primer intento de capturar Rozhdestveno falló. Teníamos que usar otro sistema. Hicimos un minucioso reconocimiento, analizando las operaciones del enemigo y decidimos flaquearlos por el noroeste, derrotando a unidades de la División SS Das Reich que defendían Rozhdestveno por el norte y luego rodear y aniquilar al enemigo en esta localidad. Para este plan usamos la 40ª y 36ª brigadas de Infantería y al 131º Regimiento de Infantería

La noche del 7 de diciembre pasamos a la ofensiva. Por la mañana capturamos la primera trinchera. El enemigo se resistía duramente.

El sol había levantado la niebla y el campo de batalla se veía claramente. Rozhdestveno estaba a dos kilómetros. Un poco más allá, a la derecha, los regimientos avanzaban hacia Trukholovka y Snigiri Station.

Las unidades de la brigada, con sus uniformes blancos se arrastraban en la nieve ante nosotros. Se estaban aproximando al río que cruza antes de Rozhdestveno! si solo pudieran cruzarlo! De repente, llamas amarillas de proyectiles y explosiones de minas se elevaron en medio de nuestras filas. Las primeras líneas se ocultaron en los arbustos cercanos al río. Los hombres se detuvieron y cayeron. Fuimos descubiertos muy pronto y tuvimos que atravesar las alambradas ocultas bajo la nieve.

El enemigo nos disparaba con todas sus armas. Las explosiones se sucedían en un continuo trueno, el aire helado se llenó de un humo acre que nos impedía ver las acciones de la vanguardia.

Experimentamos momentos fatales. Entre el estruendo oímos el tableteo de las ametralladoras. Venía del noroeste y del sur de Rozhdestveno. Aquí y allí veíamos a nuestros hombres caer. El ataque corría el peligro de fracasar. No había un momento que perder. Ordené a dos compañías blindadas cubrir a la infantería y ordené a la artillería que intensificara el fuego.

Nuestros hombres lo pasaban mal corriendo en la nieve profunda, especialmente cerca del río. El amplio campo estaba por completo a cubierto por el fuego del enemigo.

En ese momento recordé un viejo dicho ruso “Vivir la vida no es tan sencillo como cruzar un campo” Esto debía ser que depende del campo. Por mucho tiempo fue mas largo que la vida.

Una fuente de fuego surgió súbitamente ante nuestros ojos, seguida de una explosión. Sentimos una hola de calor y fuimos lanzados al suelo. Todo era silencio. Cuando nos levantamos y nos recuperamos nuestras líneas ya no estaban donde las habíamos visto por última vez, la lucha estaba ahora en Rozhdestveno.

Una compañía de infantería del 258º Regimiento al mando del Teniente Galich atacó el pueblo de Trukholovka frontalmente. El fuego enemigo les obligó a echarse a tierra. La compañía reptó por la nieve profunda, rodeando el pueblo, apareció de repente tras los ocupados nazis. En la lucha nuestros hombres capturaban una casa tras otra. El Teniente Galich fue herido, pero continuó al mando de sus hombres hasta que el pueblo quedó libre de enemigos. Muchos SS encontraron la muerte en sus calles. Gracias a su atrevimiento la compañía abrió una brecha en las fortificaciones enemigas.

Este fue uno de los muchos hechos heroicos de esos memorables días.

Durante los combates del 8 y 9 de diciembre, el Mayor A.S.Rybko, jefe de EM del 131º Regimiento de Infantería organizó un grupo de exploradores y junto a ellos cruzó a la retaguardia enemiga. Rybko era un maestro en tareas de reconocimiento y en las áreas de Barynino y Lenin pasó repetidas veces a la retaguardia enemiga donde obtuvo valiosas informaciones de los planes de combate de la División SS Das Reich y de la 5ª División Panzer. Por sus acciones recibió la Orden de la Bandera Roja. En esta época su grupo volvió a obtener valiosas informaciones de las fuerzas enemigas, desorganizando las formaciones enemigas y contribuyendo al éxito de nuestros ataques frontales.

No podemos dejar de admirar el heroísmo de V.Khametov, un Komsomol. En intento de recuperar una posición perdida el mando nazi lanzó un ataque en los alrededores del pueblo de Gorodishche. El sargento Khametov se ocupaba de la ametralladora Maxim en una colina mientras el resto del equipo descansaba. El sargento tuvo que repeler el ataque enemigo en una desigual batalla de uno contra muchos. Puso su ametralladora en los arbustos y se parapetó en un hoyo. Khametov preparó varias posiciones de reserva que se comunicaban con trincheras protegidas. Los alemanes no vieron su arma y cuando se dieron cuenta era demasiado tarde.

Khametov, el mejor ametrallador del 1er Batallón del 258º Regimiento abrió fuego. Un minuto mas tardé llevó su ametralladora a otra posición. Cambió de posición varias veces. Un pelotón alemán atacando desde la base de la colina fue barrido. El enemigo debió darse cuenta de que la colina estaba defendida por una sola unidad y lanzó una compañía al ataque. Los nazis se aproximaron, pero el arma de Khametov estaba callada. Khametov ya les podía ver las caras. Solo cuando estaban prácticamente sobre él lanzó una larga ráfaga. Los soldados enemigos se echaron a tierra y empezaron a arrastrase, pero Khametov les alcanzaba en cualquier sitio que se pusieran. A lo largo del día Khametiv repelió 10 ataques. En la noche sus camaradas acudieron en su ayuda.

Nuestras unidades también se abrieron camino paso a paso a través de las líneas fortificadas a lo largo del río Istra. La lucha se volvió mas dura. La temperatura de -40ºC, la helada y las tormentas de nieve lo hicieron todo mas complicado

Pronto nuestras unidades capturaron Trukholovka, Snigiri Station, Rozhdestveno y Zhevnevo y se internaron en los bosques.

La batalla se calmó un poco. El campo abierto permanecía en calma, casi en paz en comparación con la muerte que lo había sobrevolado poco antes. Solo los negros agujeros de los proyectiles y el gris de los cadáveres de los nazis nos lo recordaban. Nosotros también sufrimos algunas bajas. El cuerpo médico estaba auxiliando a los heridos. No era fácil localizarlos en la nieve profunda. Alguien propuso que tras administrar a los heridos los primeros auxilios dejáramos estacas cerca de ellos. Muchos de nuestros hombres deben sus vidas a los médicos – médicos de segunda clase F.M. Boiko y Y.A. Kirilov, médicos Shishmanova y I. M. Rozhinsky, jefes del batallón médico. Los veteranos nunca olvidarán a nuestro cuerpo médico que sin importarles sus vidas, en medio de un huracán de fuego, sacaban a los heridos del campo de batalla, les administraban los primeros auxilios y los evacuaban a los hospitales. Nuestros hombres honran la memoria de las enfermeras Sasha Gushchina y Katya Korneva. Durante los combates del 131º Regimiento de Infantería en el área de Lenino Sasha Gushchina continuamente sacaba a nuestros heridos del campo de batalla y lo siguió haciendo incluso cuando fue herida dos veces. Sasha y Katya murieron, pero su memoria vive para siempre entre nuestros hombres, que inclinan su cabeza en muestra de respeto a su heroísmo.

Mas alejados de Moscú nuestras tropas expulsaron a los nazis, que se resistieron fieramente. Pueblos deshabitados cambiaban a menudo de manos varias veces.

Siguiendo órdenes de sus mandos de dejar “tierra quemada” tras ellos los nazis al retirarse incendiaban y destruían las ciudades, pueblos y todo por lo que pasaban. Estos actos de barbarie que aún justifican los trabajos “históricos” de los generales nazis y de historiadores de la Alemania Occidental como “militarmente necesarios” no eran tales desde el punto de vista militar. Los nazis condenaron a la población civil – ancianos, mujeres y niños - a un terrible sufrimiento. Encontramos los restos de las atrocidades nazis en cada comunidad. El odio de nuestros hombres a los invasores nazis se fue incrementando cada día. Crecía la impaciencia de liberar a nuestro país y nuestras gentes de los nazis.

En los bosques cercanos a Istra en enemigo nos tendía emboscadas con tropas ocultas en las copas de los árboles. Nuestras columnas se tuvieron que detener y nuestras unidades sufrieron algunas bajas. Era imposible atacar a los emboscados de los árboles con artillería, pero el coronel N. G. Dokuchayev, comandante del 131º Regimiento de Infantería encontró la solución.

“Camarada General” me dijo “tengo un número de cazadores siberianos en mi regimiento. Permítase usarlos. Ellos saben como cazar ardillas y alimañas. Estoy seguro de que tendrán problemas con esos cucos”

La propuesta del coronel era tentadora.

“Adelante con esos cazadores” le dije

“Están aquí” contestó con una sonrisa.

El ya lo había preparado todo y solo esperaba mi autorización

Tras unas breves instrucciones, los cazadores vestidos con ropas de camuflaje blancas desaparecieron sigilosamente. Pocos minutos mas tarde oímos una ráfaga y algo caer. Bengalas rojas y blancas nos indicaron que el camino por el bosque estaba expedito.

La columna comenzó a andar. Dos cazadores salieron del bosque escoltando dos prisioneros de la División SS Das Reich. Nos dijeron que habían matado 15 enemigos.

Una vez mas la capacidad de improvisación de nuestros hombres nos había sacado de problemas.


 

DE VUELTA A ISTRA

El 10 de diciembre los combates se intensificaron al aproximarnos a Istra donde los alemanes habían organizado un centro de resistencia. Morteros, ametralladoras y cañones antitanque habían sido emplazados y cuidadosamente camuflados. Los edificios de ladrillos y piedra eran puntos fortificados. En las afueras los nazis habían montado cinco ametralladoras en una casa solitaria y emplazado dos tanques tras la valla, cubriendo la carretera de Istra con su fuego.

Bien, habíamos vuelto a Istra. Aquí empezamos a combatir. Nuestros veteranos habían experimentado la amargura de la derrota y la retirada, la pérdida de los camaradas y otros azares de la guerra. Se habían endurecido y volvían, volvían victoriosos. Ahora no nos estábamos retirando sino que avanzábamos y expulsábamos a los invasores de los alrededores de Moscú.

Parte activa de esta victoria es del Cuerpo de Voluntarios Populares. La 18ª División de Voluntarios Populares del Distrito Lenin de Moscú fue agregada al 16º Ejército y lucharon con valor a nuestro lado. La división demostró coraje, disciplina y organización en numerosas batallas. El 6 de enero del 42, la división recibió el título de Guardias y nos alegramos por nuestros camaradas.

Pero la victoria no solo se conseguía con valor y capacidad de lucha. Era también la expresión de la labor de millones de ciudadanos soviéticos que cuidaban a su ejército. El pueblo nos había provisto de poderosas armas: tanques, aviones, cañones, ametralladoras y municiones. Suministraban al Ejército todo lo que necesitaba y les vestía con lo que no temíamos ni las heladas ni las tormentas ni las ventiscas. Día y noche nuestra gente trabajaba el hierro, fundía el acero y producía alimentos.

A través del duro camino de la guerra, los soldados soviéticos desarrollaron su capacidad de combate, resistencia y coraje incontenible. Ahora sufríamos pocas bajas y alcanzábamos grandes resultados. Se habían convertido en el terror de los nazis y les hacían huir.

Las tropas nazis también habían cambiado. Aunque seguían resistiendo, parecería que los soldados enemigos estaban desmoralizados. Bajo las oleadas del Ejército Rojo perdían la fe en su potencial y en los planes del mando nazi.

La furiosa lucha por Istra continuaba día y noche. El 11 de Diciembre, por la mañana, el batallón del teniente Yusupov's y el del Mayor Romanov entraron el la ciudad. Pronto, las fuerzas de los regimientos de Dokuchayev y Konovalov acudieron en su ayuda. El ataque de la infantería fue apoyado por la artillería. Incapaces de detener el empuje de las tropas soviéticas los nazis comenzaron la retirada. Al final del día Istra estaba libre de enemigos. Vehículos destrozados, armas, cadáveres y pilas de objetos saqueados, documentos, diarios y cartas estaban abandonados por las calles, plazas y en cada patio.

El soldado de la División SS Das Reich Hans Nalteis escribió: “La lucha es cada vez mas salvaje y dura. Luchamos por cada pulgada de tierra y la nieve rusa se tiñe con la sangre de los soldados de las SS. Los sacrificios son terribles”

No hay mucho que añadir a esto. Nuestras unidades libraron batallas similares en Klin, en la presa de Istra y al sur de Istra.

Desde el centro de observación de la división, situado en Trusovo mire los alrededores y recordé que habíamos estado allí en Noviembre. Solo había pasado un mes, pero todo había cambiado. Los más hermosos lugares cerca de Moscú, donde Levitan, Chaikovsky y otros grandes artistas y compositores había vivido y trabajado estaban arruinados y pisoteados por las botas nazis. Todo lo que el enemigo dejó tras él fueron cráteres, un bosque arrasado y casas demolidas.

La ciudad de Istra estaba en llamas. Todos sus monumentos históricos, su famoso monasterio, las escuelas y bibliotecas estaban en ruinas. Vandalismo. Como las tribus germánicas que arrasaron Roma, estos bárbaros del siglo XX despiadadamente arrasaron nuestra cultura y redujeron a cenizas todo lo que habíamos creado.

Miles de personas quedaron si hogares pero esto no podía contener si alegría al ver a sus libertadores.

“Lo construiremos todo de nuevo y seremos felices. Solo sacad a esos nazis de nuestra tierra tan rápido como podáis” nos decía la gente.

En esa época el escritor V.Stavsky estaba en nuestra división. Con él tuvimos largas charlas, estuvo en primera línea y tomó parte en muchas batallas. Estaba preparando una novela acerca de la guerra.

El 12 de noviembre algo ocurrió en el flanco derecho del Frente Occidental. El mando del 4º Ejército Panzer decidió mantener la presa de Istra y el río a cualquier precio para retirar al grueso de sus fuerzas y equipo a la línea de los ríos Lama y Ruza.

Explotando el éxito inicial de la ofensiva, el mando de Frente Occidental intentó evitar detenerse y nos pidió seguir el avance hasta el los principales grupos del flanco enemigo fueran derrotados completamente.

Para llevar a cabo sus planes los nazis hicieron saltar la presa de Istra. El nivel del río subió hasta cuatro metros lo que complicaba considerablemente las operaciones de las tropas soviéticas. Además los nazis bombardearon fuertemente la ciudad de Istra, la carretera, los posibles pasos de nuestras tropas y las áreas urbanas. La crecida empezaba a inundar nuestra orilla donde teníamos las mejores aproximaciones al río. Fuimos obligados a ocupar las colinas y otros sitios secos. El enemigo vio que ahora era más sencillo atacarnos. El mando Alemán concentró grandes fuerzas en la orilla oeste del Istra. Sólo la 9ª División de la Guardia y las dos brigadas de infantería se enfrentaron a unidades de la 10ª División Panzer y de la División SS Das Reich reforzadas con artillería y apoyadas por las grandes fuerzas del 8º Ejército Aéreo.

Los bosques de la orilla contraria, que dominaban los nuestros tenían las condiciones naturales idóneas para la defensa. Sus vías de aproximación eran a través de campo abierto. Los nazis aprovecharon hábilmente estas ventajas. En las colinas situaron artillería, morteros y ametralladoras y prepararon puestos de tiro y fortines de hormigón. Sembraron campos de minas. Así que teníamos que atacar bajo un fuego enemigo continuo. Por todo esto fuimos frenados aquí. La lucha era furiosa y sangrienta.

El primer intento de cruzar el Istra fracasó. Nuestra vanguardia que trató de cruzar el río fue rechazada.

La lucha por el paso del río siguió tres días y tres noches.

En una helada noche de invierno, el regimiento de infantería del Mayor I.N.Romanov recibió la orden de cruzar el río y establecer una cabeza de puente para el cruce del resto de la división.

Había gente en la que se podía confiar en los momentos difíciles. I.N.Romanov, un experimentado comandante y un héroe de guerra era uno de ellos. Su heroísmo no iba reñido con la prudencia y aunque era un hombre valiente también era frío y calculador. Podía calcular los riesgos con precisión y elaborar con cuidado todos los detalles de la operación.

En la tarde del 12 de diciembre Romanov y yo tuvimos esta conversación.

Le pregunté que dificultades veía.

“Bien” dijo tras pensárselo un momento “No contemos con la helada y la niebla porque los soldados saben como usarlo. La auténtica dificultad, camarada general, es que no tenemos el equipo adecuado para cruzar”

El jefe de EM le interrumpió:

“Debemos pensar como cruzar a la otra orilla de repente y sin bajas”

“¿Cómo les puede ayudar el mando de la división?” le pregunté

“Para asegurar el éxito, necesitamos apoyo artillero” contestó.

Nuestra conversación fue breve. No sacamos nada mas en claro aunque quedamos con la convicción de haber acertado al elegir a Romanov y a su batallón. Era a ese tipo de jefe, tranquilo y en quien confiaban sus hombres, el que necesitábamos para cruzar el río con seguridad.

Ordené al teniente coronel F. M.Osipovich para apoyar al batallón de Romanov con dos batallones de artillería. La petición de Romanov era normal. Cualquiera que haya cruzado un río al asalto sabe que los participantes están mucho mas tranquilos cuando oyen el atronador sonido de su propia artillería y se sienten apoyados en los momentos críticos en que se establece la cabeza de puente. Rmanov se tomó la libertad de invitarme a visitar la otra orilla.

Los preparativos estuvieron finalizados la noche del 12 de diciembre. El batallón estaba concentrado en sus posiciones de asalto. De repente, bengalas y señales brillaron en el aire, las trazadoras inundaron el cielo, proyectiles y minas explotaban. El asalto había comenzado.

Las tropas de Romanov reptaban sobre sus vientres. Aquí y allí el hielo se rompía y los hombres caían al agua helada, pero obstinadamente avanzaban hacia la orilla opuesta, donde el enemigo les acechaba en las laderas heladas, en profundas y curvas trincheras. Las nazis habían sembrado minas en todos los puntos en que pensaban que pudieran venir los avances. Estaban especialmente fortificados los pueblos de Nikulino y Novo-Iyerusalimskaya, que cerraban la carretera de Volokolamsk.

Esperábamos noticias de Romanov con impaciencia. Estaba amaneciendo. Por fin sonó el teléfono. El mando del regimiento informaba que el batallón de Romanov combatía en la otra orilla. Había establecido una cabeza de puente de 200 metros, por el que pagamos un alto precio. Los sanitarios evacuaban a los heridos en camillas de mano.

Los nazis peleaban con furia intentando expulsar a nuestro batallón de la orilla. Ya era de día. En un momento crítico de la batalla recibimos una petición de Romanov. Eran solo tres palabras “Fuego sobre nosotros” lo que demostraba el sentido del honor militar y el coraje de los soldados soviéticos. En ese momento nuestra artillería entró en juego. Rojos flashes de explosiones envolvieron la cabeza de puente y con eso Romanov lanzó a sus tropas al ataque.

En una hora otros batallones alcanzaron la otra orilla. Oímos un gran “Hurra” y pronto vimos a gran cantidad de soldados enemigos avanzando hacia nosotros manos en alto. Pocos minutos mas tarde habían rendido sus armas. Una pila de fusiles, ametralladoras y subfusiles se amontonaba en la nieve.

Estoy contando la historia del cruce del Istra con detalle, lentamente, pero en realidad fue todo muy rápido, con los acontecimientos mezclados. Cada uno hacía su labor, completamente consciente de sus responsabilidades. Las cosas no sucedían siempre como las planeábamos pero en la lucha cada minuto cuenta y era importante reaccionar rápido a cada cambio de situación, tomar las decisiones necesarias y hacerlo rápidamente. Recordando el trabajo de los ingenieros no puedo menos que admirar su iniciativa, capacidad de inventiva y el heroísmo que mostraron en el cruce del Istra. Desde el 2 al 14 de diciembre, a pesar de la fuerte corriente, los ingenieros del Teniente Trushnikov construyeron un puente sobre el que las fuerzas de la división cruzaron el río.

El heroico trabajo de los zapadores bajo el fuego enemigo no tiene comparación.

Mientras el 16º Ejército derrotaba al enemigo en el área del río y presa del Istra y perseguía a los nazis que huían, el 1er Ejército de Choque y el 30º Ejército rodeaban al enemigo en el área de Klin y el 15 de Diciembre obligaban a los nazis a abandonar la ciudad. El 16 de diciembre estos ejércitos comenzaron la persecución del enemigo que se retiró a las nuevas defensas del río Lama. La ciudad de Kalinin fue liberada el 16 de diciembre. El flanco derecho del Frente Occidental quedó de esta forma protegido contra posibles ataques enemigos desde el norte.

Las tropas del flanco izquierdo del Frente Occidental superaron a los nazis en Tula y el 18 de diciembre empezaron a perseguir a las unidades del 2º Ejército Panzer que se retiraban a Kaluga y Sukhinichi mientras que el 61º 3º y 13º Ejércitos del Frente Suroeste atacaban en dirección a Orel.

Desde el final de la guerra los historiadores militares de Alemania del Oeste al describir estas batallas mantienen que los alemanes se retiraron de acuerdo a un plan previsto por lo que no ofrecieron mucha resistencia. No caballero, eso no ha sido así. De los cientos de batallas luchadas a lo largo de la guerra recuerdo esta particularmente bien.

Lo cierto – y los documentos lo prueban – es que el mando nazi hizo todo lo posible por detener la ofensiva de nuestras tropas.

La directiva fechada el 16 de diciembre del 41 dice “Los mandos y oficiales de todas nuestras unidades, dando ellos ejemplo los primeros, deben obligar a las tropas a defender las posiciones con resistencia fanática”

Pero fueron incapaces de hacerlo. Los nazis no se retiraron siguiendo un plan, pero los historiadores quieren ocultar su huida.

Recuerdo una inscripción en un poste de telégrafos en la carretera de Volokolamsk hecha por soldados de la 10ª División Panzer “Adiós Moscú, nos vamos a casa” Nuestros soldados añadieron “No os preocupéis, vamos hacia allí”


 

LA OFENSIVA CONTINUA

Tras su derrota en las áreas de Kalinin, Klin, Solnechnogorsk e Istra el mando nazi trató de retirar a sus soldados a la línea de los ríos de Lama y Ruza apresuradamente. Los alemanes habían empezado a fortificarlas en octubre y para mediados de diciembre habían preparado cálidos refugios, artillería y emplazamientos de ametralladoras y habían cavado trincheras y zanjas de comunicación. Al retirarse a esta línea acortaron el frente y la situación de sus tropas mejoró.

Para retrasar la ofensiva de las tropas soviéticas, los nazis pusieron todo tipo de obstáculos, especialmente en localidades habitadas, bosques y en cruces de camino. Minaron caminos y edificios, incluso en localidades habitadas y la retaguardia la componían batallones y regimientos con carros de combate y mucha artillería.

Todo ello dificultó las maniobras de nuestras unidades y disminuyó la velocidad de su avance. Los nazis podían haberse retirado conservando toda su fuerza. La situación exigió el máximo del esfuerzo del mando soviético. Tuvimos que utilizar de modo audaz y activo nuestras unidades motorizadas, capturar cruces de camino, puentes y líneas tácticamente importantes y bloquear así la retirada del enemigo.

Los soldados de los Frentes de Kalinin, Occidental y Suroeste encararon a las unidades del Grupo de Ejércitos Centro. El 10º Ejército Panzer y la división SS Das Reich de la SS operaban en la zona de nuestra 9ª División de la Guardia y sus unidades asociadas.

Los Guardias tenían sus propias cuentas con los SS. Sabían sus métodos de combate favoritos. Los hombres de la SS contraatacaban por los flancos y cortaban la retaguardia de los Guardias que avanzaban, bloquearon los caminos, enviaron tropas de asalto a nuestra parte retaguardia e hicieron emboscadas; minaron los bosques, y pusieron a francotiradores en copas de los árboles. Pero nada de eso era nuevo. Sus trucos fueron anulados por nuestros soldados. Los invasores estaban indefensos ahora. La superioridad moral de nuestros hombres liberando su tierra natal, era evidente.

La horrible verdad de la guerra pesaba sobre las mentes de los soldados de nazi cada vez más. La retirada forzosa de Moscú, el poder creciente de los golpes repartido por el ejército rojo y las pérdidas alemanas enormes redujeron a los soldados nazis y a sus oficiales a la desesperación. Retirándose a puestos defensivos preparados de antemano, el mando de nazi persuadió a los soldados que después de un descanso y la llegada de refuerzos empezarían una nueva ofensiva contra Moscú. Ésta era la razón de por qué era importante expulsarlos de sus refugios. La lucha era cada vez mas intensa.

Particularmente fuertes fueron los combates en la zona de la 9ª División de la Guardia y sus alrededores. El 16 y 17 de diciembre los nazis hicieron un intento desesperado de detener nuestro avance y ganar tiempo para organizar sus defensas.

Recuerdo especialmente la lucha librada por el 131 Regimiento de Infantería por los pueblos de Telepnevo y Dergaikovo. El regimiento estaba al mando del Coronel N. G. Dokuchayev. De casi dos metros de alto y ancho de hombros, Dokuchayev era asombrosamente moderado y llano en sus relaciones con sus subordinados que, con el tiempo, confiaban enormemente en él. Como nadie, podía hacer sus oficiales librar los combates con creatividad, sus operaciones diferían de unas a otras, sorprendiendo al enemigo con sus métodos de combate y la novedad a la hora de alcanzar sus misiones. Eso era por qué el 131 Regimiento llevó a cabo misiones complicadas e importantes con un mínimo de pérdidas en hombres y equipo.

Los soldados y los oficiales confiaban en cada palabra de su comandante porque sabían que sus breves órdenes eran siempre el resultado de una meditación cuidadosa y profunda, que analizaba y consideraba todas las posibilidades, el resultado de la inmensa experiencia adquirida por muchos años de servicio en el ejército, en donde había pasado de ser un soldado raso de la Guardia del el ejército zarista a un comandante de un regimiento de la infantería en las Fuerzas Armadas soviéticas.

El clima en esos días de diciembre era apropiado para volar y los aviones enemigos hostigaban a las unidades de la división continuamente. A veces había unos 50 aparatos sólo sobre nuestra división. Los cazas soviéticos eran inferiores en número, y sus valerosos encuentros con aviones enemigos, no siempre terminaron favorablemente.

La superioridad aérea nazi nos hizo limitar reducir nuestras operaciones diurnas y realizar las operaciones después del anochecer.

El 16 de diciembre el 131º Regimiento de Infantería pasó los campos de minas y se acercó a las afueras orientales de Telepnevo. Los exploradores informaron de que las defensas en el pueblo estaban compuestas por un regimiento de la SS, algunos tanques y aproximadamente dos batallones de artillería. Necesitábamos tomar Telepnevo para llegar al río Ruza río. El regimiento ya había atacado dos veces pero se tuvo que retirar por sufrir fuertes pérdidas. A las 05: 00 horas del 17 de diciembre, cuando llegamos el comisario político Bronnikov, un grupo de oficiales de estado mayor y yo, estaban preparando el tercer ataque.

Dokuchayev informó de la situación y del plan de ataque. Como de costumbre, su informe constaba solamente de hechos y nombres, no había ni una frase general. Enumeró las debilidades y defectos de las unidades del regimiento y mencionó los puntos fuertes y débiles del enemigo. En conclusión sugirió que el regimiento fuera dividido en tres partes. Los exploradores y el batallón de esquiadores rodearían al enemigo, un batallón de la infantería bloquearía el camino de Telepnevo a Dergaikovo y el resto amagaría un ataque frontal para hacer al enemigo creer que manteníamos nuestros planes. Luego atacaríamos desde atrás a los nazis que tendrían que retirarse a lo largo del camino a Dergaikovo donde serían aniquilados entre todos.

El plan de Dokuchayev fue aprobado. La decisión del comandante fue comunicada a todos. A los hombres se les dijo que el éxito de la batalla dependía de cada uno de ellos.

"Sincronicen los relojes", fueron las últimas palabras del comandante al batallón y los comandantes de reconocimiento antes de la lucha.

El ataque frontal comenzó una hora después. La artillería intensificó el fuego. Se oían los disparos de nuestros esquiadores en la retaguardia enemiga. Los nazis empezaron a perder la cabeza. La sangrienta lucha solo duró unos minutos, después, como esperábamos, amainó. El combate se desplazó a medida que los nazis se retiraban hacia Dergaikovo. Esta oportunidad no podía ser desperdiciada. Requirió la coordinación de las acciones de las tres partes del regimiento y la artillería; pero les echamos.

A ser preguntado sobre cuánto tiempo necesitaría para enviar la compañía de tanque que quedaba de la 17ª Brigada de Tanques para interceptar al enemigo, el Teniente Coronel Vitevsky contestó que de 10 a 12 minutos serían suficientes.

"Dé la orden", dije.

La luna apareció desde atrás las nubes e iluminaba el campo de batalla. Cuatro de nuestros tanques se unieron a la infantería y hostigaron al enemigo. Los nazis vacilaron y huyeron. Los atacantes se aprovecharon de esto y se apoderaron de Dergaikovo de un solo golpe. Todo ocurrió tan rápido que el enemigo no tuvo tiempo de incendiar el pueblo. Esto fue una excepción al proceder nazi. La mayoría de las casas en el pueblo estaban intactas. Esto nos hizo muy felices porque los habitantes podían irse a sus casas ahora.

Seguíamos a las unidades de ataque y vimos que los nazis habían sufrido graves pérdidas. El camino para Dergaikovo y las calles de pueblo estaban literalmente cubiertos por los cuerpos de los oficiales y soldados enemigos. También perdieron muchas armas, vehículos y otro equipo.

La lucha no cesaba. Las unidades seguían, olvidándose de comer y de dormir. Para evitar agotar a los soldados cansados, tuvimos que hacer relevos. Parte de los hombres seguía avanzando, mientras que otros fueron a retaguardia para descansar. Esto permitió mantener el avance y dar una oportunidad de descansar a los hombres.

El CG de la división se situó en Barynino. Aquí de nuevo contemplamos la misma imagen familiar: vehículos quemados, cuerpos humanos y cadáveres de caballos, armas y carros destrozados. Aquí y allá había tanques con cruces blancas sobre sus lados, sus armas apuntaban al suelo. Nuestros artilleros habían hecho un buen trabajo.

Ésta era la guerra. Una nación arrasada y desfigurada. Parecía que había pasado un huracán, todo destruido. Tardaríamos muchos años en recuperar esta parte del país. Pero, cuando llegábamos a los pueblos en ruinas, vimos las personas liberadas de los nazis inmediatamente reanudar su trabajo por todos lados. No, el sueño de Hitler no se hizo realidad: los alrededores de Moscú no había sido reducidos a un desierto. Desde nuestro automóvil vimos las chimeneas humeantes de las casas intactas; las personas estaban arreglando los marcos de las ventanas, poniendo las puertas y reparando los pozos; estaban regresando a sus antiguas viejas, determinados a hacer su tierra natal aún mas hermosa.

Hacia el anochecer llegamos a Barynino donde el día anterior aún estaban los nazis. El ataque repentino de la 36ª Brigada de Infantería y del 40º Regimiento de Infantería les forzó a huir hacia el oeste. La parte principal del pueblo se quedaba intacta. Los habitantes de Barynino - ancianos, mujeres y niños - salieron de los bosques, barrancos y sótanos donde habían estado escondidos. Una pequeña mujer, pálida y escuálida nos dijo:

"Los alemanes vinieron aquí en la segunda mitad de octubre y empezaron a saquear y comportarse violentamente. Se llevaron nuestra comida, aves, cerdos y ovejas. Registraron nuestros baúles, armarios y casas, cogieron todo lo de valor e incluso dejaron a los niños medio desnudos. Aquellos que trataron de protestar fueron golpeados o asesinados."

Mientras la mujer estaba hablando, un niño y una niña que estaban por allí se apretaron contra ella y nos miraron con ojos tristes. Estos ojos eran la mejor prueba de su historia. La mujer acarició las cabezas de los niños y, tras reunir fuerzas, dijo:

"Pero no piense que nos resignamos. Algunos de nuestros hombres se hicieron guerrilleros, otros fueron a unirse al ejército. Ni estábamos sentados sin hacer nada. En esta casa, "Señaló con el dedo", siete soldados enemigos volaron mediante granadas de mano. Luego un centinela y un oficial desaparecieron. Los restos de la explosión de dos vehículos aún se pueden ver en el bosque, y esos vehículos estaban llenos de los soldados alemanes."

Saludamos a esta mujer y a todos los habitantes del pueblo, dijimos adiós y fuimos al CG de la división. Aquí el trabajo estaba en el pleno apogeo, como de costumbre. La división tenía que alcanzar a los nazis en el flanco izquierdo, donde habían escapado de nuestras unidades. Se organizaron y enviaron destacamentos de reconocimiento en tres instrucciones. La nieve llegaba hasta las rodillas y soplaba un riguroso viento del norte, pero la división siguió avanzando hacia el oeste.

Después de dar las órdenes necesarias al CG y a los jefes de los distintos departamentos de la artillería, establecer las comunicaciones y encargar el reparto de munición y comida, seguí a los soldados. Mi automóvil se movía despacio. Por todo el camino había señales que avisaban "Minas" y señalando los desvíos. Los zapadores aún no habían podido despejar el terreno y nos avisaban del peligro. Aparentemente no era el único impresionado por la historia de la campesina de Barynino.

"Parece Camarada General, que no estamos peleando solos", dijo Vlasov, como si le estuviera dando vueltas en su cabeza.

"Es lo que nos hace fuertes", replicó Bronnikov.

Posteriormente tuvimos mas evidencias. Las unidades atacantes sintieron cada vez más la ayuda de los guerrilleros. Las operaciones de los guerrilleros estaban dirigidas por Comités del Partido generalmente. Después nos enterábamos de que en el principio de diciembre 1941, en los distritos de la región de Moscú temporalmente tomados por los invasores, había más de 40 organizaciones que sumaban aproximadamente 1,800 personas, incluyendo 1,123 miembros del Partido y 264 miembros del Komsomol. Los destacamentos comprendían a 69 secretarios de distrito y Comités del Partido de la ciudad, 31 Presidentes de distrito y soviets de la ciudad, 22 secretarios de distrito y comités de Komsomol, y 14 cabezas de distrito y departamentos diversos.

Aproximadamente 10,000 personas participaron en el movimiento partisano en la región de Moscú.

La lucha a nivel nacional contra los invasores de nazis bajo el liderazgo del Partido en territorio ocupado forzó al mando nazi a mantener considerables fuerzas para controlar el territorio. Según el general von Schenkendorf, comandante de las fuerzas de seguridad del Grupo de Ejércitos Centro, el sus fuerzas estaban compuestas por tres divisiones de policías militares y una de infantería, una brigada SS, una brigada de caballería SS, 229 compañías de infantería y 12 anticarro así como 9 de armamento pesado y 9 baterías de artillería.

Nuestra conversación fue interrumpida por el sonido de la radio: El Mayor A.A. Tychinin, el Jefe de reconocimiento de la división, informaba que había localizado el paradero del enemigo e informado a nuestras unidades de vanguardia. No dudábamos la fiabilidad de este informe, el Mayor Tychinin era un excelente oficial de reconocimiento. También se había encargado de que sus subordinados sean excelentes exploradores. SE contaban muchas historias en la división sobre los exploradores de Tychinin, su destreza en el combate y su camaradería. Las historias sobre N.S.Gulyayev eran particularmente emocionantes sargento del 258º Regimiento de Infantería y miembro del Komsomol. Tenía muchas misiones peligrosas en su haber. Voy a recordar una de ellas.

El regimiento se estaba acercando al pueblo de Kholshchevniki. La resistencia del enemigo se endureció considerablemente; las unidades de la División SS Das Reich habían recibido refuerzos. Era necesario establecer los nombres de las unidades y su fuerza. Los nazis fueron muy cuidadosos, aparte de evitar dejar prisioneros habían retirado los cadáveres del campo de batalla para evitar que pudiéramos sacar información del registro de los mismos.

Se decidió la captura de un preso. Esta tarea fue encomendada a un grupo de reconocimiento de 15 hombres al mando del Sargento Gulyayev.

No era una misión fácil. Para acompañarle fueron elegidos solamente hombres fuertes, ágiles, ingeniosos y valerosos como él.

Los exploradores cruzaron la primera línea y desaparecieron en la oscuridad. Esperamos su regreso con preocupación porque todo dependía de los resultados de su misión. Los exploradores cruzaron las líneas enemigas. Oímos disparos y explosiones de granadas. Le siguió un intenso tiroteo que cesó repentinamente al cabo de una hora y las siluetas de los exploradores surgieron de la oscuridad. Traían con ellos un soldado enemigo vivo. Los exploradores dijeron cómo se las habían arreglado para cogerle.

Cuando se acercaban al oeste del camino de Kholshchevniki vieron una columna de vehículos. Contaron 20 camiones. Se echaron a tierra y vieron que los camiones estaban vigilados por dos centinelas. Una luz brillaba bajo la lona impermeable de uno de los camiones, lo que indicaba que había gente dentro. Gulyayev ordenó a tres de sus hombres que eliminaran a uno de los centinelas silenciosamente; a su aviso dos exploradores debían atacar el camión ocupado con granadas de mano. Nueve exploradores se quedaron para cubrir la retirada. Gulyayev mismo decidió llevar un prisionero con la ayuda del soldado Kovalenko.

Reptaron un buen rato en dirección al centinela. Al final, se deslizaron por una zanja cerca del camino y se quedaban aguardando. Su presa estaba solamente a pocos pasos. En el momento adecuado, Gulyayev se abalanzó sobre él y lo cubría con un capote de soldado, mientras que Kovalenko lo amordazaba. Los exploradores lo arrastraron a la zanja, lo ataron y dieron el aviso convenido de antemano a los hombres que se cubrían la retirada. El aviso fue seguido por las explosiones de las granadas. El ruido atrajo un grupo de tropas de asalto nazis del pueblo y fue con ellos con quienes los exploradores trabaron combate. Diecinueve enemigo soldados murieron y fue capturado por los exploradores. La misión fue llevada a cabo y Gulyayev y sus compañeros fueron condecorados.

Por su valor y coraje la división también propuso al soldado F.S.Bystrykh para una condecoración. La noche del 8 de diciembre el Komsomol Bystrykh realizó una misión de reconocimiento con un grupo de soldados al mando del Sargento Ivanov en el pueblo de Vysokoye. Bystrykh tiró una granada en una ventana del edificio que alojaba el CG nazi. Cuando los Hitlerianos huían aterrorizados e intentaban subir a un vehículo, el explorador les lanzó una segunda granada. Con el fuego de su subfusil Bystrykh cubrió la retirada del grupo de reconocimiento y evacuó a un compañero herido del campo de batalla.

Los Komsomoles Kovalenko y Dvornikov también fueron condecorados por sus actos heroicos. Como miembros de un grupo dirigidos por Sargento Pankov el 25 de diciembre realizaron una misión en las inmediaciones de Danilkovo reconociendo las rutas enemigo. Los hombres tuvieron que enfrentarse a fuerzas superiores, pero llevaron a cabo su misión. Kovalenko estaba herido, pero se negó a ser evacuado a un hospital de retaguardia se quedó en primera línea.


 

LA INMORTALIDAD DEL HEROISMO

Las órdenes y medallas son muestras del reconocimiento de los actos heroicos de los soldados del Ejército Rojo y del orgullo de su país. Consiguieron ese orgullo a lo largo de un duro camino recorrido por cada uno de ellos mediante actos heroicos. Cumpliendo con su deber.

Durante la ofensiva en los alrededores de Moscú el Consejo Militar del Frente Occidental condecoró en Nombre del Presidium del Soviet Supremo a más de 300 hombres de la división por su valor y coraje

La primera fase de la contraofensiva del ejército rojo en Moscú concluyó sobre el 15-16 de diciembre. Solo habían pasado diez días desde que nuestras unidades habían iniciado la contraofensiva, pero en ese breve período los nazis sufrieron pérdidas considerables. Solo en la zona del Frente Occidental, donde nuestra división había peleado, el enemigo perdió 319 tanques, 48 coches blindados, 484 cañones, 231 morteros, 659 ametralladoras, 1,093 subfusiles, 3,729 camiones y 440 motocicletas.

Hitler estaba desesperado. Los generales recibieron una fuerte reprimenda. Guderian fue relevado de su puesto de comandante del 2º Ejército de Panzer. El general Hoeppner, Comandante del 3er Grupo Panzer del Grupo de Ejércitos Centro y el Mariscal de Campo Bock, el Comandante del mismo seguirían el mismo destino. Hitler designó para el puesto al Mariscal de Campo Brauchitsch, comandante de las fuerzas terrestres. Pero, no importa quien ocupara cada lugar. La orquesta ya no sonaba como su demente director quería.

[En alusión a la fábula de I.A.Krylov "El cuarteto"]

Reforzando al Frente de Kalinin con dos ejércitos, el GCG se reactivó el frente de Bryansk y preparó el cerco y derrota del enemigo en el oeste.

En la vista de los éxitos grandes de las tropas soviéticas en los flancos del Frente Occidental, los ejércitos del centro de este Frente pasaron a la ofensiva ampliando la zona de operaciones activas.

Sobre 20 de diciembre de 1941, unidades del Ejército Rojo liberaron Volokolamsk. Sobre el flanco izquierdo del Frente Occidental y sobre el flanco derecho del Frente Suroeste la ofensiva continuó las direcciones de Medyn y lo Mtsensk - Bolkhov.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las tropas soviéticas ya habían perseguido al enemigo durante dos semanas a lo largo de caminos cubiertos de nueve, luchando furiosamente con las tormentas de nieve y las heladas. Y, aunque la ofensiva continuó más despacio de lo previsto, este avance era sin embargo dos o tres veces más rápido que la ofensiva de nazi de, con mejores condiciones climáticas. Los ejércitos de choque alemanes habían avanzado 4- 5 km al día, mientras que nuestras unidades, atacando bajo las más duras condiciones de un invierno sin precedentes, hacían un promedio de 10- 12 km al día. Esto demostraba la mejor eficiencia en el combate y la superioridad moral de las tropas soviéticas respecto con a las enemigas.

Nuestro avance hacia el oeste era una victoria muy importante y una recompensa para el valor y la resistencia de nuestros hombres, para todas sus privaciones y pérdidas. Y esta victoria dio alas a nuestras fuerzas.

Recuerdo nuestras columnas avanzando en la nieve profunda. El 258º Regimiento de Infantería a la cabeza. Al frente de dos de sus compañías los tenientes Galich e Ivanov, condecorados por su participación en los enfrentamientos recientes. Mano a mano con sus compañeros de lucha, los oficiales políticos Zaitsev y Bordyukov junto con otros héroes de la división. Veo sus rostros cansados pero felices. No había fin para el buen humor de los soldados, y el comisario político y yo nunca desperdiciábamos una oportunidad de hablarles en las paradas. Hablábamos de héroes, las luchas pasadas y futuras, de las unidades vecinas y de sus éxitos en el combate.

Antes de 25 de diciembre los soldados de los Frente de Kalinin, Occidental y Bryansk alcanzaron la línea del lago Volgo – Guryevo - Volokolamsk - Lama - Nara - Kaluga - Livny - Ruza donde la resistencia enemiga aumentó y donde peleaban obstinadamente. Nuestros soldados siguieron avanzando sólo en las direcciones de Rzhev y Sukhinichi. Al alcanzar esta línea el flanco de derecho del Frente Occidental había completado su contraofensiva. Los nazis habían sido empujados de 90 a 100 fuera de Moscú. Los enemigo intentos de estabilizar el frente en las inmediaciones de Moscú habían fallado. El peligro que amenazaba la capital por el noroeste ya no estaba.

De acuerdo con el mando nazi, los soldados alemanes perdieron a aproximadamente 90,000 hombres murieron o fueron hechos prisioneros solo en diciembre del 41. El enemigo perdió miles de cañones, morteros, y vehículos así como cientos de tanques y aviones.

Las pérdidas de la ofensiva, incluyendo nuestra división, también eran muy altas. Uno tras otro enterramos a nuestros hombres – tanquistas, infantes, artilleros y exploradores - a lo largo de los caminos. En la despiadada lucha de esos días el capitán Salin, los tenientes Veprev y Babikov instructores políticos Ponomaryov, Kolomiyets, Kurguzov y Markov, asistente instructor Político Chernyshov, Khajayev miembro del ejército rojo y otros muchos soldados sufrieron la muerte de los héroes. Eran combatientes experimentados, obstinados y llenos de energía. Amaban la vida, pero quisieron más a su país y la dieron por él sin titubeos. También perdimos bastante equipo.

Aprovechando la victoria el mando soviético intentó evitar una pausa en la ofensiva y conseguir la desbandada completa del Grupo de Ejércitos Centro. Para esto tuvimos que conseguir nuevas reservas de equipo, armas, munición y comida.

Hitler exigió a su mando "Debiera mantener las defensas con fanatismo, aunque el enemigo les desborde por los flancos...."

Los nazis empezaron a organizar sus defensas sobre las orillas occidentales de los ríos de Lama y Ruza ele 6 de noviembre. Construyeron una red densa de búnkeres, centros de resistencia, trincheras, zanjas de comunicación y refugios con calefacción, colocaron campos de minas y pusieron obstáculos anticarro. Montaron ametralladoras, morteros e cañones en todas las casas. Era una forma bien organizada de defensa. Cada fuerte tenía tanques enterrados en el suelo con infantería y zapadores tras ellos. En cada pueblo había algunas compañías de la infantería y de 5 a 10 cañones y morteros. Los nazis estaban siendo reforzados con unidades llegadas de la retaguardia; se retiraron más cerca de sus bases de aprovisionamiento y no tuvieron escasez de comida.

Nuestros soldados, por otro lado, habían llegado a este punto muy debilitados. Cuando nuestro apoyo logístico se rezagó, experimentamos una escasez de munición, combustible y comida. También necesitábamos refuerzos. Por ello los intentos de las tropas soviéticas por romper las defensas enemigas fracasaron. Del 25 de diciembre de 1941 al 8 de enero de 1942, la ofensiva no alcanzó ningún resultado importante. Con nuestras fuerza disponible éramos incapaces de traspasar las ordenadas defensas enemigas defensas.

Estas circunstancias obligaron a reorganizar nuestras unidades antes de continuar la ofensiva. Había que acercar la retaguardia, suministrar a las unidades y traer la artillería y los refuerzos. De todo esto se ocupaba el EM de la división que a finales de diciembre estaba ubicado en el pueblo de Ivanovo. De nuevo el personal logístico no escatimó esfuerzos para organizar los suministros a pesar de las condiciones sumamente extenuantes. La situación se agravó por el hecho de que, en sus intentos de frustrar nuestra reorganización y evitar la concentración de fuerzas y equipo para la ofensiva, los nazis lanzaban contraataques y ataques de artillería.

La situación más complicada estaba en la primera línea defensiva, en el sector Shcherbinki - Tsaryovo, donde los 258º y 131º Regimientos de Infantería estaban rechazando furiosos ataques de la infantería y los tanques enemigos.

Unidades de choque nazis se las arreglaron para atravesar al pueblo de Tsaryovo, desde donde amenazaban la logística del 258º Regimiento. El Instructor Político Mayor Grigoryev, secretario de la agencia gubernamental del Partido y tres soldados heridos, que acabaron de recibir los primeros auxilios, lideraron a los refuerzos en el contraataque. Ante esta inesperada resistencia los nazis decidieron retirarse a los bosques. Pero tan pronto como llegaron a sus márgenes que hasta entonces parecían desolados, los bosques cobraron vida. El enemigo fue golpeado con granadas y fuego de rifles y subfusiles. Solamente habían pasado cinco minutos y nada más quedaban dos soldados enemigos con vida. Temblando y con las manos en alto se acercaron a nuestros soldados.

Por fin la división recibió refuerzos. Éramos entusiasmados con la moral y el fanatismo que irradiaban. Sin embargo, sabíamos que la moral solamente no era suficiente. Las personas jóvenes tenían que ser armadas y entrenadas. Fueron armados por los hombres de la retaguardia. Nuestro trabajo era enseñarlos a usar las armas que habían recibido de la nación. Y todo eso lo hicimos. A los combatientes jóvenes asignamos a veteranos que les dieron la capacitación práctica en los métodos de lucha en condiciones diversas.

En la Nochevieja (1942) recibimos la visita de una delegación de trabajadores del distrito de Mytishchi (región de Moscú). Trajeron regalos para nuestros soldados y oficiales. Los regalos llenaron de júbilo los corazones de nuestros hombres, porque evocadores de la calidez del hogar. Aliviaron la tensión, y nuestros hombres parecieron olvidarse de la lucha y las noches sin dormir por unos momentos. Recibieron cada regalo con honda emoción y con admiración. Me hizo sentir que nuestro país les había enviado estos estupendos obsequios de año nuevo como una muestra de gratitud para sus actos heroicos.

Nuestros visitantes nos hablaron sobre su vida y el trabajo en las empresas industriales, granjas colectivas y oficinas; nuestros hombres les contaron como habíamos peleado en los ríos de Istra y Ruza.

Como despedida nuestros soldados y oficiales leyeron una carta que habían escrito a los trabajadores de distrito de Mytishchi en el que prometieron no escatimar ningún esfuerzo para derrotar al enemigo. Todo el mundo se puso de pie y cantó La Internacional. Los sones imponentes vagaron sobre los campos y bosques como una severa advertencia para el enemigo de que la hora de ajuste de cuentas había llegado.

Mientras nuestros soldados del flanco derecho del Frente Occidental todavía estaban librando luchas prolongadas sobre los ríos Lama y Ruza a principios de enero de 1942, la ofensiva en el centro y sobre el flanco izquierdo del Frente continuó en las direcciones de Mozhaisk, Medyn, Yukhnov y Kirov. Explotando el éxito en estas direcciones, los soldados de los 20º y 16º Ejércitos rompieron las defensas enemigas en torno al 15-20 de enero y comenzaron la persecución de los nazis.

A principios de 1942 la fuerza principal del Grupo de Ejércitos Centro estaba en una situación muy precaria. A pesar de su delicada situación el mando de nazi exigió que continuaran su resistencia porque una nueva retirada podría ser catastrófica. En su orden del 3 de enero de 1942, Hitler dijo: "Resistan hasta el último hombre y mantenga cada localidad habitada. Si le ordenan retirarse, redúzcalo todo a cenizas”

Continuando la ofensiva exitosa en los alrededores de Moscú el alto mando supremo soviético decidió llevar las operaciones ofensivas simultáneamente cerca de Leningrado, en los Donbas y los otros sectores del frente delantero soviético - alemán.

Para explotar el éxito de la ofensiva contra los ejércitos nazis, el CGC reforzó a los soldados de los Frente de Kalinin y Occidental con tropas de los Frentes del Noroeste y de Bryansk. El frente de la ofensiva se amplió.

En enero las tropas soviéticas avanzaron 60- 150 km e infligieron fuertes pérdidas a los nazis. Muchas unidades del Ejército Rojo exhibieron grandes ejemplos de valor, resistencia y habilidad para el combate. Entre ellos divisiones de los Cuerpos Populares de Voluntarios de Moscú - la 18ª División de Infantería del distrito de Leningrado, la 110ª División del distrito de Kuíbishev, la 113ª División del distrito de Frunze y la 17ª División del distrito de Moskvoretsky.

Los pueblos y ciudades de los alrededores de Moscú estaban ahora detrás de nosotros. En cooperación con los soldados de los frentes de Kalinin y Bryansk la fuerza principal del Frente Occidental había liberado región de Moscú y antes de mediados de enero llevado su ofensiva hasta Kalinin, Smolensk y otras regiones, amenazando a los soldados enemigos en el norte y el sur, en las áreas de Vyazma y lo Rzhev.


 

* * *

La victoria del Ejército Rojo sobre los invasores nazis cerca de Moscú tuvo un papel esencial en la historia de la Gran Guerra Patriótica y en La Segunda Guerra Mundial. En los sangrientos combates cerca de Moscú los nazis sufrieron su primer revés de importancia en la guerra, y esta derrota tuvo una influencia enorme en el curso de la guerra.

La lucha de Moscú tuvo repercusiones políticas y militares trascendentales. El peligro para la capital de la Unión Soviética desapareció. La guerra relámpago contra de la Unión Soviética, que subyacía dentro del Plan Barbarossa, falló completamente. Alemania nazi fue obligada a hacer una guerra prolongada y agotadora para la que no estaba preparada. El general nazi Blümentrit escribió:

". . .Ahora se tiene que dar cuenta en el CG de Hitler que la guerra, la guerra real, acaba de empezar"

En los campos y bosques de Moscú los nazis perdieron - como quedó anotado en el diario de Halder, el Jefe de EM – cerca de 500.000 hombres, aproximadamente el 80 % de la artillería, muchos tanques y otro equipo.

La derrota y las graves pérdidas de los alemanes en Moscú hicieron cundir el pánico y la desazón incluso entre el mando nazi y mostraron las grandes diferencias en el modo de entender la guerra entre soviéticos y alemanes.

Deseando exonerarse y ocultar sus errores en la planificación y conducción de las operaciones militares así como para declinar toda responsabilidad en la derrota Hitler culpó de ella a sus generales. Destituyó a la mayor parte de los altos mandos del Ejército. J.F.C.Fuller, historiador y militar británico escribió que no se había visto tal desbandada de generales desde la batalla del Marne.

En sus obras de posguerra, la mayoría de los generales y mariscales nazis se esforzaron por achacar la causa de la derrota de las tropas nazis a los errores de Hitler, que no prestó atención a sus sabios consejo de que era muy tarde para atacar Moscú. También culpan al riguroso invierno ruso y ocultan la principal razón: el enorme poder y la unión de las personas soviéticas y su ejército, que podían primero, parar los nazis y luego hacerlos añicos, bajo el liderazgo del Partido Comunista y bajo las condiciones más adversas. El mito de la "Invencibilidad" del ejército de nazi fue hecho añicos. El Ejército Rojo agotó a los ejércitos de choque enemigos en sangrientos enfrentamientos defensivos, asumió la contraofensiva y expulsó al enemigo de Moscú, empezando así la liberación de todo territorio soviético de los invasores de nazis.

La victoria del Ejército Rojo aumentó el prestigio de la Unión Soviética por se la potencia capaz de librar a la humanidad del peligro de la esclavitud nazi.

La derrota de la maquinaria de guerra de nazi en las puertas de Moscú agravó las contradicciones entre los países del bloque fascista. La fatalidad de una guerra prolongada obligó a Alemania a reforzar a sus tropas y poner una carga más pesada todavía sobre los hombros de sus aliados.

¿Cual fue la base de la victoria soviética? ¿Qué poder consiguió derrotar a ejército que había ganado todas las guerras en Europa Occidental hasta el momento? Este poder vencedor era la unión de las personas lideradas por el Partido Comunista. El Partido de Lenin hizo latir más rápido los corazones de las personas durante el período más peligroso de la lucha por Moscú. Despertó y unió a las personas para una pelea resuelta contra los invasores de nazi. Donde quiera que fuera, en cualquier sector del frente, los comunistas exhibieron ejemplos de la alta moral, el valor, el desprendimiento, la destreza de combate, la ingeniosidad y la iniciativa. No había potencia que podía hacerlos retroceder o vacilar. Ése es por qué el prestigio del Partido era tan grande y soldados y oficiales deseaban ser miembros. Las organizaciones del Partido de la 9ª División de Infantería de la Guardia recibieron 171 solicitudes de admisión en el Partido y 129 en el Komsomol solo en diciembre.

La hazaña inmortal del Ejército Rojo y todas las personas soviéticas guiadas por el Partido en la lucha de Moscú vivirá en la memoria de todos para siempre. Las tumbas conteniendo los restos de los soldados de la Patria Socialista, a la que defendieron hasta la última gota de sangre, son pruebas de los fieros combates de Moscú en 1941-42. Las personas rinden honor a la memoria de estos héroes. Pero la memoria de este acto heroico sin paralelo en la historia no está en los obeliscos y en lápidas de mármol. Las plantas y fábricas, las ciudades y pueblos alrededor de Moscú, que las personas han creado a partir de las ruinas y las cenizas y que están incluso mejor que antes, son el monumento más grande de esta hazaña.

El industrioso pueblo soviético se ha curado las heridas de la guerra. Los lugares de las luchas anteriores no son reconocibles. Las personas también han cambiado. Una nueva generación ha crecido. Pero ellos, también, deben saber el precio que el Ejército Rojo pagó por la defensa de Moscú, la capital de la nación, contra la plaga marrón. Deben saber esto y estar agradecido a sus defensores por su tranquila y feliz juventud.

 

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